El nivel de agua en el Lago Mead alcanza un nuevo mínimo histórico
El Lago Mead, el mayor embalse de Estados Unidos, registró un nivel récord bajo de agua y continúa descendiendo por la prolongada sequía en la cuenca del río Colorado.

El Lago Mead, el embalse más extenso de Estados Unidos, experimentó un descenso en su nivel de agua hasta alcanzar un mínimo histórico cercano a los 1.040,5 pies (317,14 metros), superando el récord previo de 2022. Actualmente, la lámina de agua se ubica en aproximadamente 1.039,95 pies (316,98 metros), continuando una tendencia a la baja que preocupa por sus implicancias para la región.
Construido en la década de 1930 gracias a la presa Hoover, este embalse fue concebido para proveer agua y energía eléctrica a una zona desértica en crecimiento. Su capacidad máxima es de cerca de 1.225 pies (373,38 metros), conteniendo aproximadamente 9,3 billones de galones. Durante gran parte de su existencia, su nivel se mantuvo cercano a los 1.200 pies, con un máximo histórico en el verano de 1983.
La principal causa de esta reducción progresiva es la megasequía que afecta a la cuenca del río Colorado desde principios del siglo XXI, considerada la más severa desde al menos el año 800. Esta sequía afecta principalmente la escorrentía proveniente del derretimiento de nieve en las Montañas Rocosas, origen del río Colorado, que atraviesa Colorado, Wyoming y Utah. A pesar de haber registrado años con lluvias intensas, el aumento de las temperaturas eleva la evaporación y seca los suelos, disminuyendo el aporte neto al embalse.
Mientras tanto, la demanda de agua de Lago Mead ha crecido, abasteciendo a más de 25 millones de personas en megapolís como Los Ángeles, Las Vegas y Phoenix, así como a importantes valles agrícolas. Esto agrava aún más la disminución de recursos disponibles.
Actualmente, el embalse mantiene alrededor del 27% de su volumen total. Uno de los riesgos emergentes es que el nivel alcance unos 1.035 pies (315,47 metros), cifra a partir de la cual la generación hidroeléctrica de la presa Hoover se vería seriamente afectada. Aunque no se espera que se llegue a esta cifra en el corto plazo, la situación podría empeorar si continúan las condiciones actuales. El llamado «dead pool», cuando el agua no puede fluir por gravedad a través de la presa, ocurre cerca de los 900 pies (274,32 metros).
La prolongación de la sequía y los altos consumos sin acuerdo definitivo entre los estados involucrados complican la gestión de la crisis. La intervención federal podría ser necesaria para regular el uso y evitar desabastecimientos, pero las medidas conllevan impactos potenciales en el crecimiento económico regional.
En este contexto, se espera que el monzón de verano en el suroeste estadounidense modere temporalmente el descenso, ya que suele aumentar la precipitación y reducir la evaporación. Además, los pronósticos climáticos para el próximo invierno apuntan a un posible fenómeno de El Niño, que tiende a generar precipitaciones superiores al promedio en la región sur. Sin embargo, las temperaturas también se proyectan elevadas, lo que podría limitar la acumulación de nieve en las montañas.
Según análisis, para recuperar niveles saludables en los embalses de Mead y Powell sería necesario contar con cuatro o cinco años consecutivos de aportes fuertes, además de reducir el consumo actual en un rango estimado entre el 13 y 20%. Sin estas condiciones, la crisis hídrica seguirá siendo un desafío para la gestión del agua en la cuenca del río Colorado.

