Tres mujeres protagonizan un intento pionero en el remoto Cerro Balmaceda de Patagonia
Un grupo de tres snowboarders internacionales enfrentó desafíos logísticos y climáticos en su expedición para realizar descensos inéditos en el Cerro Balmaceda, una montaña casi v…

Tres snowboarders provenientes de Canadá, Chile y Argentina/ Eslovenia emprendieron un desafío inusual en la Patagonia: explorar el Cerro Balmaceda, uno de los picos más inaccesibles y poco ascendidos de la región. Su objetivo era lograr descensos en lugares donde nadie había esquiado o hecho snowboard, afrontando no solo la dificultad técnica, sino también una exigente logística y el clima cambiante de la zona.
La montaña, ubicada cerca de Puerto Natales, tiene una historia limitada de ascensos, con apenas cuatro registros en los últimos 75 años. El equipo planeaba descender la cara este, lo que habría significado el primer descenso femenino registrado y solo el tercero en general para esta cumbre. El acceso complejo y las condiciones del terreno, que incluyen un tramo superior plagado de grietas y bloques de nieve colgantes, obligaron a un esfuerzo considerable durante cinco días para llegar a un punto unos 100 metros por debajo de la cima.
Las dificultades comenzaron con la obtención de permisos para ingresar al Parque Nacional Bernardo O’Higgins, requisito indispensable para la actividad. La falta de respuesta inicial y las trabas administrativas generaron frustración en el grupo. Incluso recibieron advertencias de que escalar el Balmaceda era demasiado peligroso para su experiencia, pero decidieron seguir adelante pese a la oposición. Esto los llevó a buscar alternativas para acercarse a la montaña, descartando el transporte público por razones evidentes y valorando opciones como un bote privado, que resultaron inviables por la falta de autorización oficial.
Finalmente optaron por contratar un guía local que los acompañó en kayak por el río Serrano hasta la base del Cerro Balmaceda, enfrentando la imprevisibilidad de los fiordos patagónicos. La travesía incluyó largas jornadas de bushwacking y escalada no señalizada a través de un paisaje hostil y remoto.
Esta expedición también estuvo marcada por un vínculo histórico y personal. El abuelo de una de las integrantes fue el primer ser humano en alcanzar la cima del Balmaceda en 1957, y la conexión entre sus familias añadió un componente emotivo a la experiencia. A lo largo de la travesía hubo momentos de tensión, alegría y reencuentros, mientras el grupo demostraba una gran confianza mutua y profesionalismo en la montaña.
Gracias a un permiso otorgado en último momento, pudieron formalizar su ascenso, pero finalmente no lograron descender desde la cumbre misma. Sin embargo, lograron esquiar cerca de la cima, completando un recorrido histórico en un escenario poco explorado para el snowboard en Patagonia.
